COMPETITIVIDAD IMPOSITIVA

competitividad impositiva

La pregunta que uno se hace es si existe una fórmula para unir estos dos conceptos de forma eficiente. Cualquier economista se posicionaría en cualquiera de los puntos que unen al intervalo entre competitividad – asociado a mercados, e impositiva – asociada a impuestos. La reflexión desde la teoría económica, sea desde un extremo del posicionamiento político-económico-social o del otro, siempre podrá tener una argumentación macro-micro sólida, pero lo cierto es que el problema ante el que nos encontramos no es de economía sino de intereses económicos.

Si nuestra capacidad de análisis económico nos da las alternativas para solucionar la ecuación, por qué motivo nunca somos capaces de solucionar el problema. Simplemente porque es una ecuación que sólo tiene solución con la implicación total de todas los participantes en la misma, y son demasiadas las partes implicadas para lograr el consenso. Por ello, no es aplicable la solución teórica pura, sí debe emplearse como una guía, pero a la hora de bajarla a la realidad cotidiana del bolsillo del contribuyente, empresa, autónomo, empleado o ciudadano de a pie, debe primar la pura generación de riqueza. No competimos contra nosotros mismos, competimos en un mundo global, y estamos obligados a realizar las cosas de forma eficiente (no a aparentar que las hacemos). Un mercado global no permite regulaciones teóricas de ámbito local, regional o estatal, si no global, y eso es competir en equipo.

Pongamos un ejemplo que nos afecta a todos por igual, seamos empresas, autónomos, o empleados: incluir las retribuciones en especie en el cálculo de la base de cotización a la Seguridad Social: empresarios y trabajadores pagaremos más a la Seguridad Social por los vales de comida (si las empresas optan por suprimirlos, podría provocar el cierre de miles de pequeños restaurante), las mutuas de salud, los pluses de transporte o las aportaciones de planes de pensiones. Este incremento continuo que estamos viviendo en las cotizaciones sociales, mina la competitividad de las empresas, mina la creación de empleo, mina la generación de riqueza susceptible de ser fuente de recaudación impositiva, y en definitiva ataca la línea de flotación de la recuperación tan esperada, deseada, y necesaria.

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