El fantasma de la deflación

Deflación

De entrada definamos el concepto macroeconómico de la deflación. La deflación, es la situación inversa a la tendencia a la que estamos todos habituados en el comportamiento de los precios, los precios no suben, los precios bajan, y no es una situación coyuntural, es una situación estructural. Ahora ya estamos en el preámbulo coyuntural de la deflación, la desinflación. El riesgo actual es que la situación coyuntural se prolongue en exceso en el tiempo y se convierte en estructural, con un largo período de precios muy bajos y con unas tasas débiles de crecimiento económico.
En los últimos meses, España (y en general los países de la zona euro), se enfrentan a esta situación, situación que beneficia a los ahorradores, y por tanto puede ser interesante para cierta capa de la sociedad, pero perjudica y mucho a la actividad económica, lo que en definitiva es más relevante para todo el conjunto de la sociedad. Un escenario como el de desinflación actual incita de forma directa a los consumidores a retrasar sus decisiones de compra, dado que tienden a pensar que en el futuro los precios aún serán más bajos, concatenando una serie de reacciones macroeconómicas de gran importancia.

Las consecuencias macroeconómicas directas de la caída del consumo son del todo conocidas: reducción de los ingresos de las compañías “business to consumer” y por ende de sus proveedores “business to business”, reducción de las inversiones de todas estas compañías en bienes de equipo, en materias primas, en tecnología, en mano de obra, etc., y por tanto, entrada en una espiral recesiva sin límites de suelo conocidos. Además al reducir la capacidad productiva y competitiva de la estructura empresarial, se reduce la capacidad exportadora de la propia economía, con la consecuente falta de ingresos para equilibrar la balanza comercial, y por tanto incentivando la incapacidad de generar recursos que puedan afrontar el pago de la deuda exterior pendiente. A esto obviamente cabe añadir que al tener tasas de inflación tan bajas como las actuales hacen aún más difícil el esfuerzo de reducción de deuda pública y privada, y en el caso de no actuar el BCE con medidas de choque no convencionales, con consecuencias devastadoras para la economía. Si las caídas de precios actuales ya suponen que el tipo real pagado por la deuda es mayor que el nominal, no queremos ni imaginar si entramos en deflación con índices negativos. En lugar de desinflación por minoración de los índices positivos, cuestión ya del todo contraproducente para las finanzas públicas y privadas y para la propia recuperación económica, una deflación con índices directamente negativos convertiría la deuda en impagable conduciendo a la bancarrota.

En definitiva, de nuevo en manos de las Política Monetaria del BCE, política que aglutina los intereses de todos los miembros de la moneda única, y que por tanto implica decisiones complejas por entrelazadas, la más decisión teórica más simple, la compra de dólares para devalar el euro y fomentar las exportaciones que provoquen la presión deseada en los precios recuperando un escenario de inflación controlada. Nosotros que podemos hacer, ser sensibles a la realidad y estar preparados para los escenarios que puedan producirse, en definitiva, seguir trabajando lo micro sin dejar de observar lo macro.

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